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Imagina y recuerda

Imagina. Imagina por un momento que vuelves a ser un niño. Imagina a tu madre despertándote por la mañana, tirando de las sábanas mientras tú te agarras a ellas porque quieres seguir durmiendo. Imagina a tu padre dándote prisas y a ti, con el ya voy por bandera, viendo los dibujos con un vaso de leche en la mano. Imagina a tu abuelo vistiéndote encima de la cama, sin mayor ayuda que la de su paciencia. Imagina y recuerda.
Recuerda. Recuerda ese pantalón con rodilleras que, tras mil tropiezos y caídas, se volvía a coser cada tarde. Recuerda cómo te sentabas frente al televisor y no podías oír nada porque tu madre estaba cantando aquella canción de la que apenas conocía la letra. Recuerda a tu abuela preparando la comida en la cocina y el olor llegando al comedor. Recuerda tus prisas por comer y el trozo de pan que te daba a escondidas. Recuerda e imagina.
Imagina por un momento que, ahora, vuelves a ser un niño y, mientras lees esto, la memoria corre por tus venas. Recuerda que la ilusión, la nostalgia y la felicidad que sientes son producto de tu imaginación. Es posible que tu abuelo no te vistiera en la cama porque no vivía en tu casa. Puede que fuera tu tía la que te daba pan a escondidas y que la voz que escuchabas de fondo fuera la de alguno de tus hermanos. Es probable que ni si quiera te gustase la leche. Pero lo que es seguro es que, ahora, vuelves a ser un niño.
Somos niños otra vez. Somos niños siempre. Somos producto de la imaginación. Somos la suma de recuerdos. Somos ilusión y pena, risa y llanto. Somos saludar a alguien nuevo y despedirse de otro que ya estaba y no volverá. Somos una mirada en la calle, una coincidencia, una conversación. Somos imaginación y recuerdo. Enric Ochoa-Prieto
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