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Cómo dejar de ser perfeccionista

Consecuencias negativas del perfeccionismo

Hoy te invito a que observes si te sientes identificado con algunas de las consecuencias que expongo a continuación y pienses si vale la pena seguir manteniendo la actitud de perfeccionismo.

Auto-sabotaje y auto-exigencia

Se trata de emplear a menudo un lenguaje negativo y una manera de pensar muy de extremos (o todo o nada; si no lo hago perfecto, prefiero no hacerlo siquiera). Si decides hacer algo, lo dejas al poco tiempo o ni siquiera empiezas, porque crees que no estás lo suficientemente preparado.

Además machacarte por dentro con frases negativas lo único que consigue es que te sientas mal contigo mismo y que no avances en tus propósitos.

Bloqueo o parálisis por análisis

Detrás de esa actitud, a menudo se encuentra tu miedo al fracaso. De ahí que procrastines y no pases a la acción, pues temes que no lo vas a lograr, que lo harás mal. Se trata también de una baja tolerancia al fracaso: sientes que fallar es fracasar en la vida y crees que es lo peor que podría pasarte. Sin embargo, el éxito y el fracaso son en realidad las dos caras de una misma moneda. Te invito a leer este artículo que escribí sobre la importancia del fracaso en nuestras vidas.

Falta de confianza en ti mismo

Otra de las posibles consecuencias del perfeccionismo es una baja autoconfianza. Si temes tanto al fracaso, no podrás equivocarte las veces necesarias para aprender y crecer. Y sólo con la práctica se adquiere una verdadera confianza en uno mismo. La única manera de crecer es equivocándote y volviendo a actuar, corrigiendo tus errores sobre la marcha y viendo errores como oportunidad de cambio, en vez de fracaso.

Sensación de inferioridad o baja autoestima

Las personas que temen equivocarse, viven, como te contaba antes, con la sensación de no ser lo suficientemente buenos y pueden presentar también una baja autoestima en general. En este sentido además suelen ligar su valía a los resultados obtenidos.

Pero si te paraliza tu miedo al fracaso, si crees que te van a criticar por no hacerlo bien… no conseguirás actuar y no podrás conseguir esos resultados, de modo que tu sensación de inferioridad estará aún más presente. En este sentido te invito a que trabajes tu autoestima, por ejemplo siguiendo los pasos de este artículo.

Culpabilidad y reproches

Hablar del perfeccionismo es también hablar unos valores y unas expectativas muy altas y unas normas o reglas demasiado rígidas. Si no consigo resultados esperados, que siempre son los máximos posible, he fracasado y me culpo por ello.

Por eso, el perfeccionismo va en ocasiones de la mano del sentimiento de culpa o reproche interno. Y es que de pequeños, cuando nos equivocábamos o sacábamos malas notas, tanto nuestros padres como profesores nos solían reprochar nuestra actitud y nos hacían sentirnos culpables. Siendo adultos, hemos ido trasladando a nuestra mente esta actitud y esos auto-reproches internos.

Frustración y emociones negativas

Otras consecuencias negativas del perfeccionismo pueden ser también emociones como agobio, sentimiento de frustración, ansiedad o estrés, cuando no se cumplen mis expectativas de perfección, entre otras cosas.

El lado positivo del perfeccionismo

Pero no todo es tan feo en la actitud del perfeccionismo. Una cosa que oigo con cierta frecuencia de las personas perfeccionistas es que en el fondo se sienten a gusto con esta cualidad, pues también tiene su lado positivo.

El perfeccionismo nos permite ser autocríticos, no caer en lo fácil, nos permite ser mejores y superarnos, ofrecer mayor calidad en lo que hacemos, además la gente perfeccionista suele ser disciplinada y organizada en su trabajo (aunque no siempre esas dos cualidades van de la mano, hay que decirlo).

La responsabilidad, la capacidad de discernimiento, la claridad y la objetividad son muchas veces las cualidades positivas de las personas perfeccionistas, pudiendo inspirar a otras personas con su actitud.

Por eso es tan difícil a veces abandonar esa manera de ser, pues la parte positiva está tan presente y sobre todo está tan extendida y aceptada socialmente, donde se premia a los mejores y se destaca el trabajo bien hecho, cosa que me parece por otro lado positiva, pues aspirar a hacer las cosas bien, con criterio, rigor, sentido… es algo que la mayoría apreciamos y perseguimos.

El problema aparece cuando el perfeccionismo y la hiper-exigencia nos paraliza, cuando no avanzamos o sufrimos frustración o ansiedad por no conseguir esos ideales que nos hemos marcado.

Pasos para dejar de ser perfeccionista

A continuación quiero ofrecerte ideas, trucos, propuestas del coaching, PNL o Inteligencia emocional para que puedas entender y transformar de forma positiva tu actitud perfeccionista.

1. Revisa y cuestiona tus creencias acerca del perfeccionismo

Revisa tus creencias acerca de tu perfeccionismo: ¿es influencia de tus padres, educadores, profesores, amigos, compañeros, medios de comunicación…?

¿En qué ámbitos de tu vida eres más perfeccionista? ¿Trabajo, familia, aspecto personal? ¿En varios, en todos?

Observa si tu perfeccionismo se refiere a ti mismo o si también lo extrapolas a otras personas: pareja, hijos, compañeros o colaboradores, trabajo, etc. Es decir si también les exiges que sean “perfectos”.

Responde de la manera más objetiva posible a estas preguntas:

  • ¿Qué es lo mejor que te aporta tu perfeccionismo?
  • ¿Qué es lo peor que te sucede cuando eres perfeccionista?
  • ¿Cómo crees que cambiaría tu vida si dejaras de lado el perfeccionismo? ¿Cómo mejoraría y cómo empeoraría?
  • ¿Qué es lo peor que te podría pasar si dejaras de ser perfeccionista?
  • Intenta recordar si alguna vez no actuaste de forma perfeccionista, sea en el ámbito que sea (familiar, de pareja, social, laboral, etc.)
  • Observa cómo se comportan personas que consideras no perfeccionistas. ¿Se equivocan siempre? ¿Crees que no son lo suficientemente buenos o expertos en su campo?

2. Hazte consciente de tus voces internas

Un buen truco es ir observando tus pensamientos y voces internas que te exigen ser perfecto. Lleva tu libreta a mano estos días. Cuando escuches estas voces, apunta enseguida las frases que se relacionan con tu perfeccionismo.

Por ejemplo: “no sé hacerlo”, “voy a hacerlo mal”, “nada me sale bien”, “esto es muy difícil, no podré terminarlo”.

Cuando anotes esas frases, tómate tu tiempo para revisarlas con mayor objetividad y cambiarlas por frases más benevolentes.

 

3. Afirmaciones positivas

Sí, las afirmaciones funcionan. Y funcionan tanto que todo lo que piensas de ti, de la vida, del mundo… es consecuencia de lo que te repites mentalmente o en voz alta, de lo que dicen los demás, de lo que oyes en tu círculo cercano o los medios de comunicación.

Si de pequeña te machacaban por tus errores y te decían que lo haces todo mal, que eres un desastre, te lo acabaste creyendo y vives con este pensamiento interiorizado. Ahora, si aprendes nuevas frases, más positivas de ti misma, puedes empezar a ponerlas en práctica, escribiéndolas, pronunciándolas diariamente o simplemente cambiando tu diálogo interior, poco a poco irán también formando parte de tu realidad.

Según Borja Vilaseca, la aceptación de uno mismo es la clave para vencer un perfeccionismo excesivo y una alta autoexigencia. Aceptar que no eres perfecto, que tienes derecho a cometer fallos o errores, que los errores son necesarios para tu progreso, que ya eres suficiente tal como eres… son ideas que pueden ayudarte para ir creando una nueva percepción de ti, más amable, más cercana y menos exigente.

4. Crea una nueva actitud y empieza a practicarla poco a poco

La verdadera clave para dejar de ser perfeccionista es justo aquello que más nos suele paralizar: ponernos en marcha aquí y ahora.

  • Empieza

Una de las claves para dejar de procrastinar y vencer el perfeccionismo es bastante simple: empezar. Aunque no esté todo preparado, aunque falte algo por pulir, aunque te sientas inseguro… si no empiezas, ¿cómo sabrás que funciona?, ¿cómo adquirirás experiencia?

  • Equivócate a propósito

Y otra clave imprescindible a mi modo de ver: permítete equivocarte. De hecho, ponte como reto cometer pequeños fallos, a propósito, para que veas que cuando cometes errores nada terrible ha pasado.

  • Ponte metas pequeñas

En vez de pensar a lo grande, imaginando con el resultado final, tal vez en tu caso lo ideal sea crear etapas en el camino, con pequeños hitos, y ve cumpliendo esos hitos uno tras otro. Si por ejemplo quieres rodar la película de tu vida pero todavía estás estudiando, en lugar de estar recreando con tu meta ese resultado final, perfecto e impactante, céntrate en el momento presente y ponte como meta completar un ejercicio del curso que estás haciendo, en aprender una técnica determinada que te permitirá en un futuro llegar a este nivel.

  • Tus emociones y pensamientos

Por último, pese a estar poniendo en práctica todo lo anterior, es posible que al principio sigas sintiendo esa sensación de ansiedad o frustración por no ser capaz de controlarlo todo. Recuerda que las emociones te están tratando de decir algo, así que párate a escucharlas, probablemente vuelvas al punto inicial de este ejercicio: tu diálogo interior. Observa tu pensamiento, las palabras que te dices por dentro, vuelve sobre las creencias y cuestiona lo que te estás diciendo en estos momentos.

Acepta las emociones que te sobrevienen. Si es necesario para la actividad y cambia tu corporalidad: haz ejercicio por ejemplo o muévete, baila. También puede funcionarte un cambio de actividad en este momento, sobre todo si te sientes atascada en lo que estás realizando. Meditar, respirar, dar un paseo son otras opciones para romper ese patrón emocional y de pensamiento recurrente.

 

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