El viaje espiritual: del ego a la esencia

El viaje espiritual: del ego a la esencia

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La vida es un viaje, sin duda. Viajamos a través del tiempo, conociendo diferentes lugares, personas y pasando a través de diferentes experiencias. En nuestro interior pasamos por momentos felices y alegres, momentos de gran satisfacción y de paz y… otros momentos no tan agradables, momentos de tristeza, frustración, vacío.

La cuestión que nos surge de forma natural es: ¿en qué etapa de mi viaje vital estoy ahora? Es ahí, cuando hacemos una reflexión serena y honesta, que a veces descubrimos que algo no va bien. Nos estamos alejando de la felicidad. Nuestra vida discurre, a nivel interior, por parajes poco reconfortantes o áridos. Nos sentimos desmotivados o vacíos.

La paradoja es que tal vez este sea un momento auspicioso, un punto de inflexión. Es el momento de replantearnos nuestro viaje personal y descubrir que en realidad, se trata de un viaje espiritual, un viaje de constante aprendizaje y crecimiento.

Ese sentimiento de vacío, de falta de sentido, es una señal dolorosa e inequívoca de que tenemos que cambiar de ruta y reorientar nuestro rumbo. Lo más probable es que nos hemos alejado de nuestra esencia.

¿Qué nos aleja de nuestra esencia? Primero, es conveniente clarificar a qué nos referimos por esencia. Esencia significa lo que realmente somos, nuestro auténtico ser. En la esencia no hay mezclas y eso significa que cuando experimentamos nuestra verdadera esencia nos sentimos realizados y plenos. En nuestra esencia brillan las cualidades más necesarias para vivir: la paz, la felicidad, el amor.

¿Y qué es el ego? Un sentido de identidad falso. Una imagen errónea de nosotros mismos, construida a base de creencias limitantes y equivocadas acerca de quiénes somos. Debido a que el ego está desconectado de la esencia, carece de fortaleza intrínseca y tiene que apoyarse en soportes externos para sentirse valioso. El ego, respondiendo la pregunta previa, es lo que nos aleja de nuestra esencia y, por tanto, de nuestro estado natural de equilibrio y bienestar.

Por ejemplo, desde el ego tratamos de crear una imagen interesante, atractiva o respetable. Una de las maneras de hacer esto es identificarnos con un rol profesional y convertirlo en la base de nuestra autoestima. Por supuesto, estamos cometiendo un error ya que es obvio que yo no somos el rol.

El rol es lo que hacemos, pero no lo que somos. Lo que somos está siempre presente y el rol puede dejar de existir en cualquier momento. ¿Quién soy realmente? En realidad, soy un ser espiritual, lleno de cualidades y valores, con capacidad de discernir y decidir. Mis verdaderos tesoros están en el interior.

Sin embargo, debido a que nos hemos desconectado de nuestra esencia, buscamos esas cualidades en factores y soportes externos. Queremos obtener la paz, la estabilidad y el amor desde el exterior, buscando en diferentes direcciones, a través de las relaciones, de las posesiones, de los roles, de las comodidades…

La fórmula del ego siempre es: “En función de lo que sucede, así me siento”. El ego vive en un mundo de deseos y expectativas, bajo la ilusión de que las circunstancias le van a traer la anhelada paz y felicidad… algún día.

La fórmula espiritual y correcta es: “Yo, el ser espiritual, soy responsable de crear mis sentimientos y mi estado de consciencia y a partir de ahí, salgo a jugar el juego de la vida”. Es decir, no estoy esperando que las circunstancias y situaciones me hagan sentirme bien… ya me siento bien!

Para liberarnos del ego, primero tenemos que identificar claramente su presencia y dejar de alimentar las actitudes y patrones de pensamientos que surgen de esa conciencia limitada.

Algo que nos puede ayudar en este proceso es darnos cuenta de que donde hay ego, hay apego. Donde hay apego, experimentaremos alguna forma de resistencia al cambio en nuestro interior. Y donde hay resistencia, también hay miedo. Miedo a perder o tener que renunciar al objeto de nuestro apego.

Por ejemplo, si lo que tengo es apego a mi rol profesional, tendré resistencia al cambio y miedo a que otros puedan arrebatármelo o pueda perderlo. El rol se ha convertido en parte de mi identidad.

El alma es un ser libre de identificaciones y apegos. Mi estado natural es de paz y bienestar. Por eso es tan importante meditar y experimentar nuestra verdadera consciencia espiritual. De esta manera podremos diferenciar claramente cuándo estamos en la conciencia de nuestra verdadera esencia y cuándo estamos en la consciencia falsa y limitada del ego.

Cuando nos olvidamos de quiénes somos realmente y adoptamos la máscara falsa e ilusoria del ego, podemos observar que se manifiestan diversas señales y síntomas.

Bajo la influencia del ego, diversas emociones como el miedo, el apego y la resistencia afloran en nuestro interior. Algunos de los comportamientos típicos que indican la presencia del ego son: Criticar – Quejarse – Culpar – Desaprobar – Poseer – Envidiar – Desear – Proyectar – Competir – Controlar – Reaccionar – Juzgar – Mentir – Preocuparse – Evadirse

Un método para empezar el proceso de transformación del ego es identificar el apego y la creencia ilusoria detrás del comportamiento erróneo. Por ejemplo, si nos auto-observamos y descubrimos que respondemos de manera reactiva a los demás y adoptamos una actitud defensiva, nos podemos hacer las siguientes preguntas:

– ¿A qué tengo miedo?
– ¿A qué estoy apegado?
– ¿Qué creencia limitada estoy alimentando detrás de este comportamiento reactivo?

Si reflexionamos sobre estas preguntas nos daremos cuenta, por ejemplo, de que es posible que estemos apegados a una imagen de nosotros mismos como una persona efectiva y precisa, respetada por los demás. Y que estamos basando nuestra autoestima en esa imagen.

Como ser espiritual nuestra naturaleza original es libre de ego, de dependencias y apegos y de creencias ilusorias. Somos seres pacíficos, equilibrados y en armonía. Necesitamos meditar sobre estas cualidades originales del ser, de manera que se activen y manifiesten de forma natural en nuestras vidas.

Guillem Simó

Brahma Kumaris

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