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Las gafas de la memoria

A menudo, ante un hecho o situación, recordamos una serie de características de acuerdo a nuestros principios, valores y experiencias, olvidando otros muchos detalles de lo acontecido. Es como si cada uno eligiera qué gafas llevar puestas, y a través de ellas, observar todo lo que nos rodea.

La memoria limitada por las percepciones

Es un hecho que solo podemos recordar los acontecimiento en los que hemos sido partícipes, de forma activa o pasiva, ya que el resto solo hemos oído hablar de ellos. Así podemos afirmar, que nuestra memoria se encuentra limitada por nuestras percepciones.

Veamos un ejemplo.

Al recordar la fiesta celebrada anoche, yo puedo recordar las canciones que bailé con más entusiasmo, con quién estuve hablando durante casi una hora, la anécdota que conté a una amiga que quizá hubiese sido mejor no hacer, y que por lo demás, estaba más expansiva y divertida que de costumbre. Si además, tuviese que compartir estas percepciones con mis amigas, seguro que guardarían muy poco parecido con sus propios recuerdos. Ellas podrían no haber sido conscientes de mis bailes, ni siquiera acordarse de que estuve hablando casi una hora con aquel chico, recordar vagamente mi anécdota y apenas darse cuenta de mi exhibición de risas y carcajadas. Incluso, para alguna de ellas, la fiesta pudo suponer un continuo preguntarse si alguien se daría cuenta que estaba triste en ese momento, achacándolo a su relación sentimental. Tal vez recuerde, que a las una tenía ganas de irse o que solo esperaba llegar a casa para solucionar su problema.

Si comparamos ambas situaciones, parece que hubiésemos asistido a fiestas diferentes, mi amiga a una muy aburrida y yo a una emocionante. Por lo tanto, ¿no consideráis a la memoria como un poco egocéntrica?

La memoria se organiza alrededor de las experiencias que la persona construye. Es decir, vamos construyendo nuestra historía en base a todo aquello que hemos seleccionado.

Somos historiadores de nosotros mismos, realizando todos lor procesos de cribaje necesarios, de acuerdo a nuestras percepciones, valores y experiencias.

También podemos observar su egocentrismo en otros aspectos. Supongamos por ejemplo, que yo me considero una persona amante del cine, la música y la pintura. Es prácticamente seguro que recuerde la música de fondo de la cena a la que asistí y de los cuadros de Dalí y Monet que decoraban la sala del restaurante. E imaginaros a otra persona que le guste el humor, seguramente ésta recordará el chiste que hizo la persona que se sentaba enfrente, incluso una persona que sea simpatizante la cortesía, podría recordar ese mismo chiste como algo grosero y desagradable. Dos personas con dos percepciones distintas, y que almacenarán recuerdos bastante diferentes.

¿No actuamos como historiadores de nosotros mismos?

Nos colocamos nuestras gafas con sus peculiares características, y nos olvidamos que los demás también las llevan puestas. Por eso en una situación puede haber miles de perspectivas, porque cada uno lleva un modelo de gafa diferente.

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