El síndrome del espejo: ríete de ti mismo

¿Tienes la capacidad para mirarte en el espejo y aceptarte tal cual eres? Responde con total sinceridad. Te sería muy difícil, ¿verdad? Son muy pocas las personas que al tener enfrente su reflejo, puedan decir que son perfectos al 100%.

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No se trata de narcisismo, sino de saber quererse, respetarse y por qué no, reírse de uno mismo. Somos muy duros con nuestra propia imagen, más de lo que seríamos con cualquier otra persona. No nos damos el lujo o el permiso de decir, “soy como soy, me acepto, disfruto de mi cuerpo”.

Sería bueno que empezásemos a reconciliarnos con nuestra propia imagen, con lo que nos devuelve el espejo. De esta manera, evitaremos esa percepción errónea, peyorativa, incisiva, que sólo juzga y nunca comprende.

El síndrome del espejo, como lo llaman algunos psicólogos, engloba varios comportamientos de los hombres y las mujeres a partir de la adolescencia, y todos ellos están relacionados con la percepción de la propia imagen.

La superficie reflejante tiene un papel fundamental en nuestras vidas, es la mediadora entre una relación algo “enfermiza”, para nada equilibrada, por llamarla de algún modo. De un lado, estamos nosotros, desafiantes, inquisidores. Por el otro, una imagen que no se siente a la altura de las circunstancias, siempre cabizbaja, tímida, sin autoestima.

¿Por qué nos maltratamos de esa manera?, ¿por qué nunca estamos felices con lo que tenemos (tanto físico como material)?

¿Por qué no podemos aprender a reírnos de nuestras equivocaciones y de nuestros errores?

Los jóvenes son más vulnerables a sufrir este síndrome del espejo, primero porque están en una etapa de muchos cambios en lo hormonal, corporal y mental. Por otra parte, porque se comparan todo el tiempo con los demás (colegas del instituto, familiares, estrellas de cine, etc). Tercero, porque en ese momento es cuando el amor se vive de otra manera, las amistades son para siempre y el hecho de no tener el cuerpo perfecto puede derrumbar todo ese presente maravilloso que sólo está en las revistas, películas o series.

Para poder evitar este problema y poder llegar a continuar en la adultez de manera adecuada, es preciso saber reírse de uno mismo, juzgarse con mesura e inteligencia.

Tampoco podemos caer en la vereda opuesta de no prestar atención a nuestro cuerpo, “dejarnos estar”, no cuidarnos, no hacer dieta o comer sano, no practicar deporte, dejar de afeitarse o cepillarse el pelo. Los opuestos nunca son buenos.

¿Es posible encontrar entonces el equilibrio entre ser duro con nuestro cuerpo y que no nos importe en lo absoluto? ¡Por supuesto que si!

Es vital convertirnos en nuestros mejores cómplices.

No necesitamos a nadie más para sentirnos felices, jóvenes, bonitos y con alegría de vivir. No dejemos que la relación con nosotros mismos quede en un segundo plano.

Por eso, la próxima vez que te mires en el espejo, no te centres en lo que no te gusta (arrugas, piernas, vientre, muslos, estrías, celulitis, blancura, acné), sino en lo que te agrada (ojos, boca, hombros, ombligo, pies).

Por cada mirada a un punto “controversial”, desvía tus ojos en algo que llama tu atención para bien, es decir, que tiene la capacidad de imprimir una sonrisa en tu rostro.

“Tengo estrías pero… son porque he tenido dos bonitos hijos”… “Mi cutis se ve mucho mejor desde que empecé tal tratamiento”, “Nunca me había puesto a pensar en la nariz tan hermosa que tengo”. Nuevamente, no se trata de ser Narciso y de andar por la vida diciendo “cuánto me amo”, pero si empezar a sentirte bien contigo mismo, con lo que tienes y observas en el espejo.

A lo largo de la vida vamos introduciendo imágenes en el cerebro que nos alejan de la realidad. Pensamos que seríamos más lindos si tuviéramos las piernas de tal actriz o los abdominales de un deportista y vamos armando una especie de rompecabezas entre lo que vemos en el espejo y lo que nos gustaría ver.

La comparación destructiva es muy frecuente por culpa del establecimiento de ciertos cánones de belleza, según los medios de comunicación y la sociedad. Recuerda que esas percepciones han ido cambiando a lo largo del tiempo y que no son todas iguales aún hoy (en ciertos países, las mujeres muy delgadas no son consideradas bonitas, por ejemplo).

Ríete de ti mismo… quiere decir que sepas aceptarte, te gustes, te quieras y entiendas que eres perfecto, sin importar cómo te queda ese jean o esa falda, y sin mirar los defectos como una maldición, sino como algo de lo que enorgullecerte y si es posible, mejorar.

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