Que sería de mi sin mi estupidez?

Para reconocerme como un ser sabio (ser que todos somos potencialmente) debo antes haber aceptado mi propia estupidez.

Una de las características que tiene nuestro ser, es la libertad con la que cuenta para expresar cualquier aspecto de la totalidad. Todo existe, y nosotros como seres conscientes y creadores, estamos en condiciones de dejar que a través nuestro se exprese la parte de nosotros mismos que elijamos.

Uno siempre tenderá a mostrar sus virtudes, a resaltar el aspecto luminoso de su propia existencia pero, inmersos en el mundo relativo en el que estamos, ¿Cómo sabremos qué parte es la luminosa, si nunca hemos dejado salir un poco de oscuridad?

En palabras de Thaddeus Golas, intentar ser buenos todo el tiempo, es como querer ser un péndulo que solo oscila hacia un solo  lado. Necesitamos la contraparte. Si no nos permitimos expresar esa parte de nosotros que no nos gusta, solo estamos negando una parte que si existe, que si está ahí, y que quiere salir.

Es difícil aceptar que dentro de mí hay tanto “oscuridad” como “luminosidad”. Tengo que darme la libertad de expresar lo que el momento me pida. Buscamos la sabiduría, buscamos ser inteligentes, pero no nos permitimos ser estúpidos.

Curiosamente es gracias a nuestra estupidez que podemos conocer nuestra inteligencia. Esa estupidez que nos es natural, que nos hace cometer errores y decir tonterías, meternos en problemas y agrandar los acontecimientos de nuestra vida y hacerlos parecer los inconvenientes más desastrosos del Universo.

Para reconocerme como un ser sabio (ser que todos somos potencialmente) debo antes haber aceptado mi propia estupidez, y al mismo tiempo, aceptar la libertad que cada ser humano tiene para elegir ser estúpido dentro de las posibilidades de su existencia.

Eso es abrazar la contradicción: aceptar que todo viene con su opuesto, y que tengo que aceptar ambas polaridades, y que sin esa aceptación, quizás me sea muy difícil elegir conscientemente en qué lado de la polaridad quiero quedarme la mayor parte del tiempo. Para caminar por el medio debo haber recorrido los extremos.

Aceptar mi propia estupidez me abre la puerta hacia la tolerancia. Todos podemos tener un mal día y actuar tontamente. Si estoy en paz con mi propia incapacidad puedo ver que los demás son seres iguales a mí y que están teniendo la misma batalla todos los días a cada momento.

La paciencia, el no-juicio y la tolerancia, me abren la puerta a la sana aceptación de nuestra naturaleza humana.
¡¡¿Que sería de mi sin mi estupidez?!!

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