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Pensar el misterio

El hecho de tener una línea de pensamiento humanista, secular y adogmática, no me  limita a creer en alguna fuerza universal, aunque no se le parezca a la idea popular de un dios.

A muchos nos cuesta romper nuestras propias estructuras de pensamiento porque simplemente no conocemos o no podemos imaginar otras, esa es la realidad que nos construyeron. El miedo es un cimiento muy fuerte, reconstruir ahí requiere de mucho trabajo y, sinceramente, no nos gusta salir de la zona de confort.

Aceptar que existen muchas otras realidades, además de la nuestra, cuesta, y mucho. Nos cuesta una tambaleante sensación de seguridad y orgullo para aceptar que podemos estar equivocados.

Nos acostumbraron a no cuestionar las ideas de la tradición, menos aún la de nuestra occidental tradición religiosa (tradición curiosamente extranjera y extraña al contexto americano). Tan arraigada está esta costumbre, que cuando comencé a publicar por redes sociales algunas ideas personales sobre religión o espiritualidad (dos cosas actualmente divorciadas, pienso yo), las arraigadas creencias de varios los llevaron a etiquetar esos pensamientos como “anti-dios”, o algo así, y hasta sentirse directamente atacados.

El hecho de tener una línea de pensamiento humanista, secular y adogmática, no me  limita a creer en alguna fuerza universal, aunque no se le parezca a la idea popular de un dios.

En todo orden de cosas debemos tener un pensamiento abierto, pero sobretodo cuando se trata de abarcar con la mente, el intelecto y las palabras algo tan misterioso (y quizás infinito) como la idea de lo divino. Solo este pensamiento abierto nos abrirá la puerta a una sana tolerancia.

Aquino Eloah

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