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Expansión mediante la transgresión

Ser transgresor no tiene que ver con hacer ruido innecesario, ni romper las estructuras de control, ni rebelarse violentamente. Tiene más que ver con romper tus propios límites y eso suele ocurrir en silencio. Luego el transgresor verdadero alcanza cierta paz, no es afectado por las estructuras de control y actúa sin usar la violencia.

Desde adentro hacia afuera, si no solo somos simples reaccionarios y nunca veremos el origen de todo aquello que sentimos que nos limita. No digo que no sea útil reaccionar, a veces es la forma  en que nos damos cuenta de que hay algo ahí que no funciona bien. El punto es no quedarse en la reacción y pasar a la acción, y la acción tiene que ir hacia el centro, hacia el origen, hacia ti mismo. Si bien no toda acción debe ir siempre hacia dentro, cuando partes por ti mismo, las acciones que luego se originan desde ti  para/con el colectivo son más auténticas.

Todo “limita” porque todo condiciona. Nuestros ambientes y contextos nos aportan una base desde la cual actuar y crear, pero muchas veces los asimilamos como algo propio, inalterable, algo  que se nos ha metido tan en la medula que sin ello no sabemos quiénes somos.

La sobreidentificación (con nuestros roles, trabajos, méritos, virtudes y defectos) nos mantiene en una prisión de la que muchos se muestran orgullosos. Nos es cómodo permanecer ahí, en lo conocido, pero al mismo tiempo en una gran trampa que nos impide experimentar el mundo como lo que es: un campo de re.creación.

Todos hablamos  de cambiar, pero pocos se dan cuenta de que situamos el cambio afuera, cuando ese cambio, esa gran transformación tiene un primer paso que no se puede eludir: reconocer, aceptar y amar nuestra situación actual, reconocerla como útil, pero a la vez como algo accesorio a lo cual no debemos apegarnos, sino como una base para expandirnos hasta donde nuestro miedo (o valentía) nos permita.

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