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Estrategias de afrontamiento eficaces y estrategias de afrontamiento dañinas

estrategias de afrontamiento

Estrategias de afrontamiento

Las estrategias de afrontamiento son formas de reaccionar y de comportarnos que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida para afrontar las situaciones difíciles, dolorosas o estresantes.

El aprendizaje de las estrategias de afrontamiento

La infancia es una etapa esencial para nuestro desarrollo psicológico. Durante los primeros años de la vida comienza a formarse nuestra visión del mundo y de las personas que nos rodean, una perspectiva que determinará nuestra vida como adultos. Si crecemos en un entorno marcado por la agresividad es muy probable que creamos que el mundo es un sitio hostil y que la mayoría de las personas son violentas. Al contrario, si crecemos en un ambiente lleno de cariño y amor, nuestra visión del mundo y de las personas será mucho más positiva.

Eso no significa que nuestra visión del mundo es inmutable. De hecho, a través de las experiencias que vamos viviendo nuestro sistema de creencias cambia y se enriquece. Sin embargo, las estrategias de afrontamiento que se instauraron en nuestra infancia para ayudarnos a sobrevivir son difíciles de cambiar y a veces se pueden convertir en un lastre muy pesado que nos impide avanzar.

¿Qué son las estrategias de afrontamiento?

A lo largo de la vida ponemos en práctica diferentes mecanismos que nos permiten adaptarnos a los retos que se nos van presentando. Una estrategia de afrontamiento no es sino un ajuste que realizamos en nuestra personalidad, un esquema que hemos aprendido, fundamentalmente durante nuestra niñez, y que activamos cuando nos encontramos ante situaciones estresantes o frustrantes.

El principal objetivo de las estrategias de afrontamiento consiste en protegernos del dolor y permitirnos encontrar la vía más rápida para solucionar un problema sin que nuestro “yo” salga demasiado dañado. Por ejemplo, a menudo cuando un niño crece siendo víctima de la violencia física, desarrolla estrategias de afrontamiento basados en la indiferencia emocional que le permiten tomar una distancia psicológica de lo que está sucediendo y así protegerse.

Con el paso del tiempo, estas estrategias se van integrando en nuestro yo y pueden dar lugar a ciertas peculiaridades de la personalidad que determinarán las relaciones afectivas de esa persona. Por tanto, es probable que cuando tenga que enfrentar un problema en el ámbito de las relaciones interpersonales, reaccione de manera fría y distante, alejando incluso a quienes le quieren ayudar.

De esta manera, lo que era una estrategia de afrontamiento ante un problema, un simple mecanismo para protegernos en un momento de la vida en el cual nos sentíamos particularmente débiles e indefensos, puede llegar a convertirse en una característica estable que determina nuestras relaciones con los demás o incluso la valoración que realizamos de nosotros mismos.

Estrategias de afrontamiento que nos hacen daño

Las estrategias de afrontamiento son un mecanismo de adaptación.  En el momento en el cual las aprendimos, nos protegieron de algún peligro y mantuvieron íntegro nuestro “yo” o nos ayudaron a afrontar una situación, el problema radica en que  estos mecanismos de adaptación pueden volverse en nuestra contra:

A veces nos encontramos con que las estrategias de afrontamiento, aunque cumplen una función, en realidad por otro lado nos están haciendo daño, como por ejemplo, cuando afrontamos el estrés comiendo en exceso o fumando.

Otras veces ocurre que a medida que avanzamos en la vida, algunos de estas estrategias de afrontamiento dejan de ser funcionales o el coste de utilizarlas es demasiado alto, la coraza protectora se convierte en un pesado fardo que nos impide desarrollarnos. Es como si quisiéramos escalar una montaña y, en vez de llevar el equipamiento adecuado, vamos vestidos con una incómoda armadura medieval. Algunas personas son conscientes de la existencia de esa armadura pero no saben cómo deshacerse de ella mientras que otras ni siquiera se han dado cuenta de que la llevan. ¿Por qué?

A veces el problema radica en que a veces, cuando llegamos a cierta edad, renunciamos a seguir adaptándonos a los cambios porque preferimos mantenernos en nuestra zona de confort. De esta forma, las estrategias de afrontamiento que incorporamos en la niñez y se fijaron durante la adolescencia y la juventud, se convierten en lastres para nuestro crecimiento y bienestar.

Estrategias de afrontamiento eficaces

Para poder afrontar los problemas con eficacia  tenemos que aprender a ser flexibles y adaptarnos a las situaciones que se nos van presentando en nuestra vida, tenemos que estar dispuestos a cambiar. Solo así logramos madurar.

Por supuesto, abandonar las estrategias de afrontamiento que nos han servido durante mucho tiempo puede ser atemorizante ya que a menudo nos sentimos indefensos. No se trata de quedarnos sin recursos, sino de sustituir las estrategias de afrontamiento que ya no resultan eficaces por otras más útiles.

Recuerda que en El Prado Psicólogos podemos ayudarte a desenmascarar esas respuestas aprendidas que no te permiten seguir adelante. A través de la terapia psicológica  o del coaching trabajaremos para activar tus recursos e implementar estrategias de afrontamiento verdaderamente eficaces y saludables.

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