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Cuando el Problema es la Solución

La preocupación

La solución de problemas

Algunas personas logran resolver los problemas con relativa facilidad y a otros les cuesta más trabajo o les resulta francamente imposible. ¿A qué se deben estas diferencias? ¿Por qué hay gente que se siente desbordada por el estrés mientras otras saben manejarlo y hallan soluciones eficaces?

La solución de problemas es un proceso complejo en el cual inciden numerosos factores pero sin duda la perspectiva que asumamos es un aspecto fundamental. De hecho, Albert Einstein solía afirmar que “la formulación de un problema es más importante que su solución”. Esto significa que cuando encontramos las preguntas correctas y asumimos la perspectiva adecuada, estaremos muy cerca de la solución.

El sesgo del sentido común

Todos tenemos una serie de filtros que determinan la manera en la cual percibimos el mundo, así como los problemas y sus posibles soluciones. En ocasiones el sentido común se convierte en un impedimento para resolver un problema puesto que no nos deja ver más allá de lo que consideramos racional y aceptable. De esta forma restringimos el abanico de soluciones posibles y elegimos un camino erróneo o una vía que nos producirá un mayor desgaste, ya sea desde el punto de vista físico o emocional.

Uno de los ejemplos más fehacientes de cómo el sentido común puede convertirse en nuestro peor enemigo lo encontramos en el trastorno obsesivo. A menudo las personas obsesivas se ven bombardeadas por una serie de pensamientos que les provocan gran ansiedad. ¿Cuál es la solución más común? Huir de estos pensamientos e intentar reprimirlos.

Sin embargo, no siempre lo que dicta el sentido común es la solución más adecuada. Reprimir los pensamientos obsesivos no solo genera mayor ansiedad sino que también tiene un efecto contrario puesto que solo sirve para reforzarlos. Como consecuencia, la persona se siente peor ya que además de tener que lidiar con una serie de pensamientos recurrentes, también se enfrenta a su fracaso para controlarlos.

¿Cuál es la respuesta? En estos casos lo mejor es no luchar contra los pensamientos sino dejar que discurran con total libertad, tal y como hace el mindfulness. Cuando observamos los pensamientos sin luchar contra ellos y aprendemos a aceptar las emociones que generan, su poder se debilita. Esta no es la única estrategia a utilizar en el caso de sufrir un trastorno obsesivo, una terapia más amplia siempre es necesaria, pero sí es algo que puede ayudar mucho a disminuir la frecuencia y la intensidad de los pensamientos obsesivos.

La solución está en el reencuadre

Cuando tenemos que enfrentarnos a un problema, nos formamos una idea general de la situación interpretando los hechos según nuestras experiencias. El resultado de este proceso da lugar a un marco psicológico dentro del cual nos moveremos para encontrar la solución. Obviamente, en algunos casos este marco es insuficiente, demasiado estrecho, y nos conduce a soluciones erróneas. Entonces es necesario reencuadrar toda la situación para adoptar una perspectiva diferente, más abierta y flexible.

Como podrás suponer, en muchas ocasiones estamos tan inmersos en nuestro marco psicológico que es difícil salir de este para valorar alternativas diferentes. En esos casos un psicólogo o un terapeuta holístico puede ser de gran ayuda, ya que te permitirá reinterpretar el problema desde diferentes perspectivas y te dará una visión externa, más objetiva, basada en evidencia científica para solucionar tu problema.

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