¿Qué diálogo interno estamos teniendo?

El Diálogo interno no es más que las conversaciones que tenemos con nosotros mismos en todo momento, aquella vocecita mental con la que siempre estamos interactuando, incluso como si fuese con otra persona.

En todo momento estamos pensando y dialogando sobre lo que hacemos y muchas otras cosas, por lo que este diálogo incesante debería tener un gran impacto en nuestras vidas, y de hecho lo tiene. Al que constantemente escuchamos decir cómo hubiesemos debido actuar, qué hubiese sido mejor decir, ¿qué hubiese pasado si..? y así, con un sin fín de cosas.

Los seres humanos invertimos unas 14 horas al día dialogando con nosotros mismos ¡Increíble! ¿no? Pero lo más increíble de todo, es que al menos un 80% del tiempo que pasamos dialogando con nosotros mismos está conformado por pensamientos y afirmaciones negativas.

Estos diálogos entre nosotros mismos, estos “monólogos” internos, por lo tanto son los principales responsables del sufrimiento interior y de muchas enfermedades y discordias.

Está claro que estos monólogos o diálogos internos existen y ocurren de manera contínua, seamos o no conscientes de ellos, y según sea la calidad de tales diálogos así se irá formando nuestra personalidad y será nuestra identidad.

 

¿Qué mensajes predominan en nuestro interior? ¿Miedo, desconfianza, maltrato, rencor…?, o ¿comprensión, afecto, seguridad, solidaridad…?

Según nos inclinemos en un extremo u otro de la balanza aparecerán inevitablemente en nosotros unas determinadas consecuencias. Si en nuestros diálogos internos predomina el maltrato en cualquiera de sus formas, el sufrimiento psicológico y la enfermedad (mental y posteriormente física) aparecerán tarde o temprano. Si la  calidad de esos pensamientos y dialógos son positivos, el bienestar y la salud aparecerán como consecuencia natural.

Cuando ese diálogo limita y paraliza, hay que dejarlo de lado. A veces resulta complicado hacerse consciente de estos diálogos o ansiedad cognitiva desde una propia perspectiva y el primer paso para ello es el de reconocer esos pensamientos automáticos. Una vez reconocidos e identificados deben analizarse. Observar en que momento exacto suelen aparecer, su presencia, duración, contexto.. para así conseguir una especie de autorregistro, que ya sea mental o escrito, permitirá comenzar con la fase de modificación de los mismos.

Durante nuestra vida cotidiana adquirimos muchos hábitos. Los hábitos son los comportamientos que repetimos habitualmente. Al igual que en todas las acciones cotidianas que repetimos y que se realizan de una manera casi automática, con los pensamientos sucede lo mismo. Nos habituamos a funcionar con este tipo de pensamientos y diálogos internos caracterizados por no cesar en sus mensajes de crítica, reproche hacia uno mismo o hacia los demás. Superar los hábitos de pensar inadecuadamente y desarrollar formas de contraatacar y erradicar tales distorsiones provocarán en nosotros mismos un beneficioso cambio que se reflejará en todos los aspectos de nuestra vida.

Así que, hay que elegir bien los pensamientos con los que alimentamos nuestra mente.

 

Analicemos cómo es nuestro diálogo interno:

  • ¿Qué pensamientos son los más recurrentes en nuestra cabeza?
  • ¿Qué nos decimos de nosotros mismos, que nos decimos de los demás?
  • ¿Es un diálogo positivo o negativo?

Despues de respondernos, pongamos atención en nuestra vida ¿Cuáles han sido los resultados?

Muchos de nosotros hemos llegado a grandes sorpresas sólo con tomarnos el tiempo de analizar y estudiar minuciosamente nuestros pensamientos por varios días (una semana, es perfecto). Uno puede llegar a sorprenderse de lo increíblemente negativo que puede llegar a ser, y de las cosas que aunque parecen insignificantes, tienen gran impacto en nuestra vida.

De vez en cuando, también es necesario higienizar nuestra mente.

Veamos qué podemos hacer para mejorar nuestro diálogo interno.

Existen varios aspectos que nos ayudaran tomar el control de nuestro diálogo para que éste sea más favorable:

Siempre hay un lado positivo de las cosas, por lo tanto debemos intentar que nuestros diálogos sean lo más positivos posibles. Es decir, centrar nuestras reflexiones en lo positivo, en lo constructivo, no en lo destructivo o pesimista y limitante. Centrar los pensamientos en aquello que es constructivo actuará eliminando los comentarios provocados por miedos y temores, que es con lo que se alimenta el diálogo negativo, y por ende reforzaremos nuestra autoconfianza, seguridad y autoestima, provocando un positivismo y una armonía que se reflejará en nosotros y también hacia los demás a través de energía positiva.

Controlar lo que nos decimos hacia lo positivo es una práctica diaria, no es algo que conseguiremos desde el primer instante.

 No Juzgar.

Juzgar es la reacción de nuestro ego, es el juicio que da inicio al proceso de pensamiento, es una calificación que hacemos de nosotros mismos, de una habilidad o capacidad. Lo que provocamos con nuestros juicios es, en muchas ocasiones, reprimir nuestras verdaderas capacidades. Y con ello provocamos reacciones emocionales, tales como rabia, frustración, desaliento, tensión, etc. Algo que podemos reducir si utilizamos estrictamente palabras descriptivas, no calificativas.

Si logramos no calificar aquello que, necesitamos para conseguir nuestro objetivo, conseguiremos una mente más libre y en silencio, un diálogo más positivo.

 Concentración.

Todo lo que experimentamos nos llega a través de la conciencia. La atención es la conciencia enfocada y concentrada, y la conciencia es ese poder que permite conocer. Cuanto más consciente seamos más detalles nos serán visibles.Si nos concentramos en objetivos de crecimiento y en cómo conseguirlo nuestra mente se calmará, dejará de escuchar instrucciones.

Por lo tanto hay que concentrar la atención en el objetivo y en qué necesitamos para conseguirlo, no en calificarnos,o predecir que no será posible.

Dejar que ocurra.

En la mayoría de ocasiones somos nosotros mismos los que no dejamos que ocurran las cosas, por no aplacar ciertos pensamientos.

Hay que ignorar las instrucciones negativas que nos damos, observemos lo que nos parece interesante y ejecutemos, preparémonos para experimentar, hay que dejarse llevar, ¿qué es lo peor que puede pasar?

 

Una mejora en la vida empieza con una buena relación con nosotros mismos a través de nuestro diálogo interno.

La calidad de nuestros pensamientos determina la calidad de nuestra vida. Una mente negativa, enferma también al cuerpo creando una actitud anímica conforme a esos pensamientos. El organismo no se envenena sólo por las toxinas que se ingieren sino también por la calidad de los pensamientos que se albergan en la mente y los sentimientos que anidan en nuestro interior.

Todos somos capaces de desarrollar el pensamiento positivo si lo queremos y nos lo proponemos. Ver la parte positiva de cada situación, enfocarse en lo bueno de las cosas o intentarlo es toda una filosofía de vida que nos ayudará a ser cada día mejor persona y a sentirnos a gusto con nosotros mismos y, por tanto, con la vida.

El Diálogo Interno positivo no es algo con lo que los seres humanos vengan programados, no es un don que algunos tengan de nacimiento, sino que por el contrario es una habilidad que se crea con el tiempo.

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